CUENTOS INFANTILES, CUENTOS JUVENILES, NARRACIONES FANTÁSTICAS Y OTRAS HISTORIAS.

 

 

APUNTES SOBRE ZUERA


QUINTÍN GARCÍA MUÑOZ

Prólogo de Francisco Javier Aguirre

© Ediciones IM-PULSA, 2017, para la presente edición

© Quintín García Muñoz, 2017

© Francisco Javier Aguirre, 2017, para el Prólogo

Ilustraciones:
Quintín García Muñoz
orbisalbum@gmail.com

IMPRESIÓN Y ENCUADERNACIÓN:
Huella Digital, S.L.

ISBN: 978-84-16536-47-4

Dep. Legal:Z 1722/2017


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RENACIMIENTO

Solemos dividir la vida humana en etapas. De la infancia pasamos, a través de la adolescencia y la juventud, a la madurez. En la primera de ellas, la infancia, se sitúa la toma de conciencia, y en un mayor nivel de profundidad, la llegada de la ‘razón’, de la capacidad de razonar. Hace unos decenios se consideraba que el fenómeno ocurría hacia los siete años, lo cual facultaba a niños y niñas para determinadas actividades importantes, entre ellas una muy significativa: la ceremonia de la Primera Comunión.

Con el paso del tiempo y la ampliación de los horizontes mentales que han provocado la sociedad y la tecnología, se han retrasado algunas fechas, en concreto esta a la que nos referimos, la de la aparición del juicio crítico y la entrada del ‘uso de la razón’. Ahora los niños captan más cantidad de datos que antes, pero les aplican un análisis correcto más tarde.

Otra de las modificaciones desde el punto de vista cronológico es el acceso a la madurez. Se entiende por tal la llegada a un punto convergente en el que la fuerza y la experiencia unifican su destino para procurar al individuo un presente y un futuro más plenos. Hace algunos decenios, la madurez podía establecerse en torno a los 50 años, pero igualmente los tiempos han cambiado y esa fecha se ha retrasado, debido también al aumento de la edad promedio en nuestra época. No es el factor más importante, porque existen otros como el periodo de formación, que se ha prolongado, el acceso al mundo laboral estable, el compromiso fundacional de una familia, etc.

De modo que hoy la madurez podemos situarla en términos generales hacia los 60 años. Sería la cima virtual de la vida humana, a partir de la cual se inicia un lento pero inexorable declive en capacidades físicas, aunque no en conocimientos teóricos y prácticos. El individuo calcula sus expectativas vitales y sabe que, salvo excepciones, le queda menos tiempo por vivir que el ya vivido. Esto induce a veces a la nostalgia y en el peor de los casos a la melancolía, pero desde una perspectiva positiva, invita al individuo a una reconsideración de su existencia, a una recuperación de la memoria personal y colectiva y, como es el caso cuando hay interés y capacidad para ello, a una exposición literaria de las etapas anteriores.

Quintín García Muñoz, el autor de estos Apuntes sobre Zuera, comenzó retrocediendo en el tiempo para contarnos algunas anécdotas de su vida adolescente, que se desarrolló básicamente en el Seminario de Zaragoza. Su libro En el Seminario, ilustrado por él mismo, refleja los pensamientos, las vivencias, las expectativas, las ilusiones y algunas adversidades de la época. Allí podemos encontrar un minucioso recorrido por la vida cotidiana de los chavales que acudían al centro, tanto por motivaciones religiosas como por un deseo familiar de dar a sus hijos estudios de mayor nivel del que podían encontrar en sus pueblos.

Satisfecho del resultado, que describe un ameno panorama de aquellos años, tanto dentro como fuera de los muros eclesiásticos, el autor ha decidido dar un paso atrás en su biografía personal y ahora nos deleita con sus recuerdos de la etapa anterior, de la que precedió a su partida de Zuera hacia las aulas que conducían al sacerdocio. Si antes nos ofreció su adolescencia, ahora tenemos a la vista su infancia desde un punto de vista descriptivo, porque esa es su intención, sin entrar en elucubraciones o disquisiciones mentales que serían bastante impropias de una edad temprana, en la que los individuos atendemos a la novedad sin analizar en exceso lo que captan los sentidos. De este modo queda elaborada una especie de geografía urbana de la villa y de la vida que los pequeños compartían en aquellos años, superado ya el ecuador del siglo XX.

Como quiera que existe una teoría de la estructura biogenética y psicológica humana, elaborada por Sándor Ferenczi, discípulo y yerno de Freud, denominada Regresión Thalassal o Thalássica (el retorno al medio acuoso, que filogenéticamente es el mar y ontogenéticamente el vientre materno ocupado por el líquido amniótico), cabe la posibilidad de que nuestro autor, haciendo un supremo esfuerzo de memoria, nos pueda contar en un próximo volumen las sensaciones que captó en el momento, e incluso antes, de su nacimiento, lo cual sería una magnífica aportación para quienes estudian este fenómeno esotérico al que llaman precisamente Rebirthing o Renacimiento.

Francisco Javier Aguirre

 

 

 

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Texto e ilustraciones de Quintín García Muñoz

 

 

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