MUNDO SUBTERRÁNEO

 

 

 

 

 

En una ciudad medianamente grande vivía Flint. Todos los días, como casi todos los niños del mundo, cogía su cartera y asistía a las clases en el colegio. Acostumbraba a caminar por el mismo recorrido, pero un día que iba con el tiempo justo, se metió en un callizo creyendo que sería un atajo.

Tuvo la mala fortuna de que una moneda que le habían dado sus padres para comprar un cuaderno, se le cayó de la mano y fue rodando hasta una alcantarilla, por la que se introdujo. No hubiera intentado nada, de no ser porque la veía allí mismo, apenas a medio metro. Solo tenía que levantar la rejilla y cogerla. No le llegaba el brazo hasta el fondo y tuvo que ponerse de pie encima de una repisa o saliente e inclinarse hacia donde estaba la moneda.

Le sorprendió el que no hubiera ningún mal olor. Cuando miró hacia la parte derecha, perdió el equilibrio y sin saber cómo comenzó a deslizarse por una especie de tobogán, yendo progresivamente más rápido. Flint estaba muy asustado pues no parecía tener fin la caída. Afortunadamente aquella especie de tubo era muy liso, como de metal, o tal vez de plástico duro.

Habrían pasado unos treinta segundos, o quizás un minuto, cuando hubo un momento en el que creyó que no caía, para percatarse luego de que continuaba a más velocidad. Comenzaba a sentirse aterrorizado.

 

 

El tobogán perdió inclinación, disminuyendo la velocidad de descenso; tenía la impresión de que el tubo ascendía y desembocaba suavemente en una gran cueva.

Permaneció confuso y en silencio. Se incorporó. Su padre le había leído Viaje al Centro de la Tierra de Julio Verne, y enseguida comprendió que estaba en un lugar muy parecido.

Intentó regresar, pero era imposible debido a la verticalidad del tubo.

Lloró durante muchos minutos acordándose de sus padres y hermana; de las veces que había deseado no ir al colegio, y donde ahora estaría bien a gusto. Cansado de lagrimear, reaccionó, probablemente antes de lo que habría hecho una persona mayor, y es que subestimamos a los pequeños.

Comenzó a caminar admirándose de todas las cosas extrañas que veía.

Era una enorme cueva. Había un lago del que no se divisaba el final, y la luz, aunque el no lo supiese era originaria del sol, pero compuesta de partículas más sutiles y potentes capaces de atravesar gran parte de la corteza terrestre y poder iluminar aquella caverna. La arena que bordeaba el lago iba convirtiéndose en tierra ostensiblemente más fértil hacia las paredes de la cueva, donde crecían unas pequeñas plantas de un color pardo que devenían gigantescas muy cerca de las rocas por donde trepaban. Podría ser una posibilidad a la hora de salir de aquel lugar, pero pronto comprobó que la cueva no parecía tener agujeros.

 

Se entretuvo durante varias horas cogiendo y comiendo una especie de plátanos, corriendo el riesgo de envenenarse, si estos frutos no hubieran sido comestibles, pero en su situación no le quedaban más opciones.También aprovechó para bañarse en el agua cálida y limpia del lago. Se hacía de noche. Probablemente el sol daría en otra parte de la Tierra y sus rayos benéficos pasaban a animar el otro hemisferio dejando descansar a quienes habían trabajado bajo la alegría de su luz. Si ésta no atravesaba sería porque había más tierra de por medio - pensó.

 

Los colores azules comenzaron a dominar con una rapidez increíble, y todo llegó a ser oscuridad. Flint se acurrucó junto un árbol y permaneció con miedo. Surgió un puntito azul eléctrico, que llamó su atención. Devino en rojo intenso, y posteriormente brotaron numerosas chispitas que se convirtieron en líneas que salían del fondo del lago, y que dibujaban una ciudad iluminada en la noche. Sus edificios parecían cristales. Algunos puntos de luz atravesaban las paredes y se ramificaban en haces de colores. Imperceptiblemente, el temor del niño fue esfumándose y terminó siendo reemplazado por la esperanza de encontrar a alguien que pudiese ayudarle. Caminó hacia la ciudad, que estaba unida a la playa por un puente.

 

Cuento El mundo subterráneo.

 

 

No parecía ofrecer peligro alguno aquel nuevo espectáculo, muy al contrario, las azuladas y variopintas chispitas desprendían tranquilidad y paz. Alegremente observó el puente e inició la travesía del mismo. Seres parecidos a hombres caminaban de un lado a otro, con la peculiaridad de que eran de color azul oscuro y parecidos al cristal o por lo menos eso creía Flint. Esos individuos no parecían distinguirle a pesar de que los vestidos de Flint desentonaban con el entorno. Se dirigió a uno de ellos, de aproximadamente dos metros de altura, pero no se entendieron; no obstante el habitante del mundo subterráneo parecía indicarle una puerta de forma romboidal y Flint caminó hacia ella. Entró con reverencia, pues semejaba un lugar sagrado.

La puerta romboidal daba a una sala en piramidal cuyos techos eran de forma prismática, y cada uno de los prismas de color diferente, pero siempre respetando el tono violeta. Había varios seres haciendo cosas curiosas junto a las paredes, como si en éstas - de cristal también- cambiasen los colores y las figuras, semejantes a las películas de televisión. Daba la impresión de estar observando personas, a la vez que parecían muy pensativos y en meditación. Flint llegó a la conclusión de que a través de la meditación aquellos individuos influían en las pantallas de cristal, y los personajes que en ellas se reflejaban, obedecían a lo que estos seres pensaban.

Y lo más curioso era la relativa semejanza de los personajes que actuaban y los subterránicos que meditaban.

Alguien le miró y caminó hacia él. Flint debía levantar mucho la mirada para poder ver su rostro.

El individuo cristalino también le observó detenidamente.

 

Se inició una conversación telepática.

 

-Hola Flint.

-Hola, ¿cómo sabe mi nombre?

-Conocer el nombre de alguien no es difícil, pero dime tú ¿cómo has llegado hasta aquí?

Nuestro amiguito le explicó la serie de circunstancias que habían concurrido hasta ese mismo instante.

- Debes saber que la rejilla no se abrió por casualidad, ni por fortuna llegaste hasta aquí.

En los acontecimientos están mezcladas dos cosas, un poco de suerte y un poco la cualidad de las personas, en este caso la tuya. Ahora es el momento de que confirmes y sigas adelante o bien de que continues esperando. Te preguntas qué relación tiene todo, y eso pronto lo comprenderás, si te hago una sugerencia como esta:

 

¿Qué relación existe entre el alimento que tomas y las funciones cerebrales?, o anteriormente ¿cuando todavía eras un embrión en el seno de tu madre, ¿cuántas células pertenecientes a los brazos debían existir, o cuántas neuronas deberían hacerse? o¿qué numero de elementos deberían configurar la estructura de las retinas?

Flint no supo responder, y el gigante de cristal continuó.

Ciertamente los productos que la madre suministraba al bebé daban realidad a la posibilidad de algo; de la misma manera actúa el universo entero.

Hay seres que constituyen el cerebro de la tierra, órgano que pertenece al Ser Supremo que habita en ella. Para otros la función es adquirir información y así el Ser Supremo esta al corriente de lo que ocurre en Su, denominémosle, Cuerpo. La finalidad de otras entidades es experimentar y así el Ser Supremo experimenta. De tal forma una multitud interminable de seres, todos importantes, pero ciertamente sustituibles, van desarrollándose y ayudando a construir la vida de algo Superior.

 

 

Él, es quien ha comenzado todo, y todo lo terminará en lo que respecta a sus componentes. Nosotros somos representantes de una función determinada, y debido a la interminable escala evolutiva siempre hay puestos vacantes que cubrir.  Nuestros mayores pasan a un estado más puro, y nuestros menores ocupan su lugar. A nuestros menores los sustituís algunos de vosotros, los habitantes del mundo exterior, y a vosotros os reemplazan los animales más avanzados, y así interminablemente. Creo que me explicado suficientemente.

 

Si lo deseas podrás intentar aprender con nosotros, de lo contrario, volverás a tu ciudad y borraremos este viaje al interior de la Tierra de tu memoria.

 

 

 

 

 

 

Flint decidió quedarse. Los días transcurrieron con muchas horas de trabajo y estudio, pues eran incontables los conceptos que tenía que asimilar, y por fin llegó el momento de la prueba. Era muy sencilla. Simplemente debía ascender a un piso a través de unas escaleras.

 

Cuento mundo subterráneo. Escaleras interminables.

 

 

 

Flint subió por las mismas, llegó a una habitación en la que había niños como él, todos elegidos.

Al principio sintió aversión hacia ellos, aversión que radicaba en su deseo de ser el único importante, y ahora veía que no era así.

Quizás había doscientos, a cual más inteligente y hábil. Se aisló, y pensó que no tenía por qué hablar con ellos, y poco a poco fue separándose hasta prácticamente encontrarse aislado. Alguna sonrisa, alguna gracia, pero su corazón permanecía distante y sin molestarse lo más mínimo por los demás. Llegó la hora en que debían salir de aquella enorme sala de uno en uno. Casi todos lo consiguieron.

 

 

 

 

Todos excepto siete, que no dejaban de preguntarse por qué ellos no habían atravesado la puerta.

 

Una nueva promoción de muchachos entró allí, y pronto comprendieron la explicación. Veían a aquellos niños tan ariscos y poco comunicativos y egoístas... que desaprobaban su manera de comportarse, y así se hicieron conscientes de que ellos mismos habían tenido igual defecto. Cambiaron de actitud, y se hicieron, especialmente entre ellos siete, grandes amigos. De ellos hacia los demás también tenían la disposición de ánimo para comunicarse.

 

La siguiente vez que se abrió la puerta, la atravesaron los siete juntos. Una nueva sala les recibía, y ésta terminaba en dos puertas, pero no sabían hacia donde les llevaba. Sin azorarse se dispusieron a afrontar la siguiente dificultad.

Debían, por separado, hacer un estudio sobre un tema muy abstruso: la relación que existe en el universo entre un planeta y un hombre.

A quien lo resolvía satisfactoriamente se le abría una puerta, de lo contrario, era la otra. Solamente se abría una vez para cada uno y no había mas intentos. Cinco de los amigos pasaron la puerta que llevaba a la luz.

Solo quedaban Stoy, el siguiente, y Flint que seria el último. Stoy falló, y se retiró a su rincón, esperando que se abriese la puerta de regreso a su casa. Flint acertó y la luz iluminaba ya su cara, además le atraía sobremanera, pero lo pensó dos veces y decidió quedarse con Stoy, muy sabedor de que desperdiciaba la única oportunidad de su vida.

 

 

Cuento El mundo subterráneo. Flint prefiere quedarse con su amigo Stoy.

 

 

 

Flint no deseaba dejar solo a su amigo Stoy, y se fue al rincón con él esperando que como fracasados regresarían al mundo exterior.

Sin embargo, ocurrió algo inesperado: se volvió a abrir la puerta de la luz y los rayos resplandecían hasta inundar el rincón donde se encontraban ambos amigos.

Pocas veces se había concedido dos oportunidades a una persona, o tal vez ¿lo que había sucedido era que se les había admitido a los dos juntos?

Al otro lado sus amigos les esperaban casi sollozando de tristeza, que se tornó en lágrimas de alegría y abrazos de júbilo cuando Stoy y Flint pasaron el umbral.

 

Después de haber sufrido unos por otros, llegaron a la conclusión de que, o los siete pasaban la prueba, o se irían todos juntos a casa. Y esta decisión les vino de perillas, pues la siguiente prueba consistía en concentrarse en un punto y mover una pequeña balanza con el poder de la mente.

Aunque la prueba la debían hacer en solitario, ninguno de ellos abandonó al que la realizaba.

Esta acción conjunta dio por resultado que los siete amigos superaron la dificultad.

Se lo comentaron a los demás, pero no poniéndose de acuerdo entre ellos fracasaron todos excepto ellos.

Habían sido los únicos que superaron la prueba.

Flint, Stoy, Azelo, Laco, Tano, Ateso y Arso se dispusieron a afrontar la última dificultad.

En comparación con la última las demás parecían ahora juegos de niños. Sencillamente, no les dijeron qué es lo que debían hacer. Vivirían juntos durante un año. Eso era todo. Hay momentos en la vida en los que las personas pueden ser valientes para luego una vez realizada la acción extraordinaria, volver a ser mas bien cobardes; o en las que se trabaja durante un tiempo por una causa justa, para después olvidarla.

 

 

Sin embargo, hacer todos los días las idénticas cosas, y soportar las pequeñas manías de los demás, y sin ninguna obligación como es ganar dinero para poder subsistir, requiere mucha dosis de comprensión y paciencia. Cada persona es un mundo, y muchas veces las costumbres son muy diferentes, hasta el extremo de ir cogiéndose manía unos a otros. Y eso es lo que les ocurrió a los siete amigos, que llevaban treinta días sin pensar, ni actuar.

Discutían acaloradamente.

Por fin habló Laco.

- Estimados compañeros, pues no podemos llamarnos todavía amigos, faltándonos algo para serlo. Se nos ha dejado aquí sin objetivo aparente, y si continuamos de esta manera, cada día que transcurra será peor. Creo que el primer objetivo debe ser conocernos.

A partir de aquel momento, cada uno expuso sus gustos y manías hasta terminar por Flint que era el más joven. La tensión de las jornadas anteriores se disipó en cierta medida, al comprobar que todos tenían sus peculiaridades que molestaban a los demás. Transcurrió medio mes mientras narraban sus pequeñas historias. Una vez finalizadas todas las tertulias, quedaron en silencio.

 

-Creo que ya sabemos más unos de otros, y si bien no nos parecemos en algunas cosas, si que tenemos un denominador común -expuso Laco-. Desde muy niños ha habido algo dentro de nosotros, que como una lucecita nos ha llamado continuamente; siempre con la misma cancioncita. La hemos ido transformando en pequeños deseos por no saber de qué se trataba realmente. Pero ahora veo claro en mi interior. Necesitamos conocer a quien nos llama, que creo que no es otro que este lugar, y lo que él encierra. Tal vez algo no nos han dicho nunca es que: siempre hemos sido de aquí. ¿Cómo puede ser eso? Quizás tiene relación con las figuras que hemos observado en las paredes. Yo diría que somos parte en otro mundo de quienes viven aquí, y nos están llamando. El cuerpo físico es una cosa muy limitada para lo que realmente encierra, que todos sabemos que es el alma. El alma es algo que existe aunque nuestros padres hayan dicho lo contrario, como que solo hay materia en el Universo. Una materia regida por ciertas fuerzas ciegas, y creo que nuestra alma es la misma que la que da vida a este maravilloso lugar. Nuestro objetivo debe ser pues, demostrarnos a nosotros mismos, que eso es realmente cierto.

 

 

Cuanto más hablaba Laco, más tranquilo aparecía, y mayor belleza tenían sus facciones.

 

Azelo, que siempre permanecía en silencio dijo:

- Creo que lo has expuesto tan bien, que nuestro corazón crecía y crecía con el ritmo de las palabras, y que si bien no tan claramente como tú, yo también presentía algo similar. Que el alma existe, tal vez esté cerciorado por esos sentimientos que nos embargan. Nuestro próximo paso es conocer a aquel que nos lleva dentro de su corazón, y del que somos parte.

 

- ¿Pero cómo? -preguntó Flint, el más tímido.

 

Tano se levantó de su silla para decir:

 

"Nos quedan diez meses. Es poco y mucho tiempo. Poco, pues todas las cosas necesitan madurar, y mucho porque, dejándolo todo para después, se acaba por perder de vista la meta trazada, y cuando la has recuperado, ya se ha pasado el plazo. Siempre me ha gustado mucho la imagen en mi cerebro que representa a Gautama el Buda sentado y en meditación, sin hacer nada más hasta encontrar lo que buscaba. Así debemos proceder nosotros, con la ventaja de que somos un grupo, y es más fácil, al podernos ayudar unos a otros."

 

 

A todos les pareció bien, así es que a partir de aquel instante, sólo abandonarían la sala para casos de extrema necesidad. Ni siquiera comerían. Solamente beberían un poco de agua. Se sentaron a meditar, y aunque comenzaban a estar acostumbrados a ello, se pasaban a otros pensamientos: sus padres, sus amigos del colegio, y luego al cabo de un buen rato comprendían que no habían conseguido nada. Ninguno pudo evitar dormirse cuando llegó la noche, y nadie puedo observar cómo de cada uno de ellos se desprendía una lucecita azul, y se unían en el centro de la sala, y juntas viajaban a un lugar donde se desprendían continuamente chispitas, y por otro lado regresaban tantas como se habían ido.

¿Qué es lo que ocurrió allí? Nadie lo supo. Lo cierto es que al amanecer las lucecitas se posaron de nuevo sobre las cabezas de cada uno de nuestros amigos.

 

Se despertaron con nuevas fuerzas y decidieron que no debían dormirse, pero a la noche siguiente volvió a ocurrir lo mismo. Los primeros días estaban alegres por su decisión. Mas transcurridos unos pocos más, ya solo reinaban en ellos el desaliento y decidieron abandonar. Ateso les animó a continuar, y lo intentarían un día más. Todo fue en vano. Tal vez la imagen mental que les había movido a actuar era demasiado para unos niños, casi ya adolescentes. Y cansados y desengañados salieron para comunicar a cualquiera, que no seguirían en la ciudad interior, pues no habían podido conseguir su objetivo propuesto. Llegaron a la sala de las pantallas, que curiosamente, en ese instante estaba desierta, y se centraron todos en una, en la que se veía una gran aglomeración de personas. Todos se empujaban y daban golpes. El ambiente en el que vivían aquellos seres era axfisiante. Entonces Flint, le dijo a Ataso, que por favor no le empujase. Éste, muy sorprendido (pues ni siquiera se había movido), le contestó que el no había sido. El mismo incidente fue vivido por Stoy y Tano;

 

Todos se miraron, pruntándose qué es lo que sucedía.

 

Cuento El mundo subterráneo. En el desierto, bajo el sol.

 

 

En la pantalla apareció un desierto, y un hombre que caminaba perdido. Al instante, los siete amigos tenían una sed horrible hasta el punto de que sus gargantas se encontraban secas, y tuvieron que correr hasta encontrar una jarra de la que bebieron afanosamente. Algo extraño estaba sucediendo. Apareció en la pantalla una violeta. Todos tornaron la cara hacia atrás pues olía estupendamente. No había nada.

¿Qué estaba ocurriendo?.

Dijo Arso: Cuando hemos visto la muchedumbre, yo había pensado en ella un poquitín antes - me ha parecido -.

-¡Anda! Y yo estaba pensando en el desierto -comentó Flin

-A mí me gustan mucho las violetas. -comentó Stoy

¡Entonces, somos nosotros los que activamos las pantallas!-

¡Vamos a pensar en nuestros padres, primero su Tano, y después los demás! -gritó Laco.

Y así fue como cada uno pudo ver a sus queridos ancianos, porque.......... ¡eran viejos!

Habían envejecido muchos años, mientras ellos apenas llevaban 150 días.

-¡Cuánto habrían sufrido por su ausencia!

Quedaron pensativos, y ensimismados durante largos minutos, y entonces entró aquel ser que les había recibido uno a uno. Había algo extraño: O él había menguado, o ellos habían crecido. Atano Aluxe sonrió, el ser de cristal y comenzó a transmitirles las imágenes cuyo equivalente en palabras era aproximadamente:

-"Realmente habéis crecido, y también habéis madurado más de lo que os imagináis. La prueba la habéis tenido en la "Reacción de las pantallas a vuestros pensamientos" Lo que aparece en ellas es el mundo exterior, y es la confirmación que necesitabais acerca de la prueba del alma. Ahora sois uno con la vida en la Tierra, pero vuestra función se va a limitar a ver, sentir y transmitir; porque aunque cada ser humano recoge sus propias experiencias, a veces es necesario transmitirlas más a menudo al Ser Supremo del Planeta, para poseer una información lo más precisa posible.

 

Todavía necesitareis algunas instrucciones adicionales, pero lo más importante, que es la creación de un núcleo, ya esta cimentada. Sois libres para elegir, y os aseguro que esta función es especialmente dura, aunque a veces bella, pues vais a sentir casi todas las experiencias inimaginables, tanto en lo bueno como en lo malo. No obstante sabed que se os enseñaran unas reglas para vuestra protección como individuos, conciencia que nunca perderéis. Haced lo que creáis conveniente, y mañana dadme la contestación. Al día siguiente Flint, el más pequeño, fue el portavoz del grupo:

!Nos quedamos, Atano Aluxe!

 

 

El cuento Mundo subterráneo. La decisión final.

 

 

 

Texto e ilustraciones:Quintín García Muñoz

 

 

 

 

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