El abrazo eterno de Alexis y Valia
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Seres de Luz
Hablamos de un tiempo presente, futuro y pasado que pertenecía a dos
seres angelicales.
Cuando Alexis contempló el esplendor de Valia se acercó a ella
en ondas luminosas y multicolores. Cada haz de luz formó las figuras
etéreas que se condensaban hasta tornarse sólidas al tacto de
la mente. Solamente buscaban la sabiduría eterna. Y con su mente acariciaron
las formas que envolvían su conciencia.
Alexis observó el maravilloso rostro de su amada. Y se sintió
impulsado a verter todo su amor en él. Cada minuto que pasaba la fricción
entre su mano y las facciones de aquel hermoso ángel solidificaba más
la materia, tornándose opaca.
La rapidez del tacto convirtió aquel punto luminoso en algo oscuro y
con profundidad. Y así, su mano entró en un túnel que apenas
tenía luz y por el contrario un fondo infinito. Sus manos pasaron hasta
un lugar más allá del tiempo y del espacio conocido; a un lugar
intemporal.
Inmerso en aquel ritual de energía y movimiento llegó a otro mundo
donde la estrella de cinco puntas invertida brillaba y un ser oscuro y poderoso
reinaba. Sin duda era Morloc.
No tembló Alexis ni se amedrentó al entrar en aquel espacio de
su conciencia. Allí había un inmenso campo de batalla, y cuando
penetró en él, Morloc con una gigantesca espada intentó
dividirle en dos, pero Alexis era luminoso y ningún mal podía
causarle un ser de materia más densa. Era como intentar cortar el aire
con un arma blanca.
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Las partículas luminosas de otro plano llegan a los seres de luz.
Por fin Alexis supo que Morloc era él mismo hacía millones de
años, y en aquel preciso instante el implacable y cruel guerrero dejó
de blandir la espada.
-Lo siento hermano, no te había reconocido-dijo Morloc.
Entonces sucedió algo extraño.
Morloc se disolvió en la luz de Alexis, y éste con su amada esposa descendieron al campo de batalla, cuyo frente se extendía en la lejanía de un campo verde.
Valia y Alexis, revestidos de un infinito y resplandeciente color blanco, caminaron
sobre la línea de pelea de ambos bandos. Al lado de Ella permanecía
el ejército de los luminosos y al lado de Él los oscuros.
Cuando los hijos de la luz vieron a aquellos dos Excelsos seres, les reconocieron
como sus dioses. Idénticamente sucedió cuando los tenebrosos guerreros
descubrieron la cara de Morloc en la de Alexis. Se observaron unos a otros,
y se extrañaron del hecho de tener los mismos heroes .
Allí por donde pasaban Alexis y Valia, los contendientes cesaban en la
lucha. El
capitán de los luminosos preguntó.
- Amada Señora ¿Cómo puede ser que tengamos los mismos dioses, si nosotros somos Hijos de la Luz y ellos Hijos de la Oscuridad?
-Es muy sencillo-contestó la hermosa dama- En otro tiempo yo era Hija de la Luz y él Hijo de la Oscuridad.
-Eso no puede ser, Amada Señora. Ellos matan a los hijos de la luz.-Replicó el capitán.
-Sí, es cierto. Ellos asesinan sin piedad, porque persiguen la luz. Odian a quien la tienen y creen que de esa forma la conseguirán. Es terrible.
-Entonces ¿cómo un Ser tan maravilloso pudo amar a un ser tan terrible.
-Es el método de Salvación. Los Seres de Luz a veces sienten una inmensa compasión por los seres que habitan en la oscuridad. Yo me enamoré de aquel hombre hace millones de años. Renuncié a mi lugar en los cielos, por amor . Me desterraron a vagar por la Tierra. Caminé junto a Morloc por desiertos de piedras volcánicas donde únicamente se respiraban gases letales y aire enrarecido. Tuvimos hijos, y aquel ser que en otro tiempo fue cruel y brutal, se tornó en un hombre maravilloso. Un día mi familia nos aceptó porque comprendieron que se había pulido una nueva esmeralda en el universo. Luego abandonamos este planeta físico para reinar en un plano de materia y conciencia más sutil.
El capitán del ejército de la luz se arrodilló ante Valia y nada más dijo.-Debes saber, capitán intrépido, que es uno de los métodos del universo. Alguna materia sutil en la construcción de los mundos se condensa y la luz debe afluir a ella para revitalizarla y ayudarla a regresar al lugar del que un día había salido. El amor inmenso de los Seres de Compasión vuelve una y otra vez, para romper la dureza y pesadez. Lo superior siente amor y compasión por lo que está encerrado y oculto en lo inferior.
La luz colma la materia etérea
Así terminó Valia de hablar. Luego miró a Alexis que saludaba tanto a seres oscuros como luminosos y los dulces ojos de aquella Señora de esplendor inmarcesible depositaron en el campo de batalla refulgentes diamantes líquidos. Sentía tanto amor por Alexis que nunca había dudado de él desde hacía ya millones de años.
Alexis miró a su amada con infinito amor y gratitud y la abrazó.
En el resplandor producido desaparecieron de aquel plano de conciencia.
Valia, ya en el plano de creación, observó en Alexis divinas lágrimas
de amor. Las ondas de luz de sus formas se transmutaron en millones de puntos
multicolores que se vertieron sobre la esencia del amor y el abrazo eterno de
aquellos seres antiquísimos ubicados en algun lugar de su conciencia
unificada para después distribuirse por cada uno de los rincones del
campo de batalla.
Ilustraciones: Maria Eliana Aguilera Hormazabal
Autores: María Eliana Aguilera Hormazabal/ Quintín García Muñoz