El día en el que se hizo pequeña la Tierra.

 

 

 

 

¡Dejadme tranquilo!

 

 

Fue un día de impetuoso y frío viento, en el que cansado de trabajar mis poderes mágicos comprobé que no había límites para mi conciencia. De alguna forma que todavía escapa a la ciencia, viajé por medio de mi pensamiento a saludar a un amigo que vivía a diez mil kilometros.

A través de sus cartas, me comunicó que efectivamente, algo flotaba en el ambiente de su casa que no era normal. Era como si una pequeña presión le rodease, como si algo raro estuviese por allí.

Tras largos años de experimentos entre él y yo, a ninguno de los dos nos quedaba ni la más mínima duda de que era capaz de viajar con mi pensamiento a través de los espacios, como si fuese una onda.

Y precisamente esa capacidad incipiente, de la que no había valorado el verdadero alcance de la magnitud de mi descubrimiento, fue la que me llevó a un extraño estado de conciencia, si bien tampo esta es la palabra exacta, pues fue más bien un flash ligeramente desagradable.

Uno de los días que fuí a visitar a mi amigo, si bien lo de visitar debería tener otros matices, pues en esa visita no había una comunicación fluída, sino más bien eran como por decirlo de alguna manera, sensaciones, por alguna causa que no recuerdo, me sentí irritado, sin llegar al enfado.

 

Y le dije

-Olvídame.

 

Entonces, un viento terrible que traía el frio y la imagen de tierras resquebrajadas por la larga sequía, se rió de mí, en cierta manera.

 

-Ja Ja Ja.

-Parece que no has comprendido tu situación-me dijo el viento huracanado.

-¿De qué me estás hablando desagradable viento?

-Pues de tí y de tu magia

-Qué puedes saber tú

-Yo se mucho, pues al fin y al cabo abarco con mi ser toda la Tierra. Deberías recordar que el viento, o mejor expresado el aire, es el elemento de mayor importancia en tu planeta. Yo habito desde el alto cielo hasta lo más profundo de las entrañas de la Tierra. Puedo ser gélido o ardiente, húmedo o seco, y penetro en todos los rincones de los lugares más inaccesibles.

-Y qué tiene que ver esto con lo que yo piense o deje de pensar?-le grité enojado

-Muy sencillo. Solo que tu caso todavía es más evidente.

-Si quieres te explicas, y si no sigue tu camino -le volví a gritar al viento, todavía más enfadado.

-Te lo diré, insensato humano. Te he observado en tus largos paseos por el monte, donde habito la mayoría de las ocasiones tranquilo. He visto cómo has aspirado el agradable aroma de los romeros y los tomillos, cómo has mirado con esos ojos soñadores, cómo a veces te has convertido en pájaro, incluso en águila, cómo has volado sobre las olas del mar, o te has sumergido en los lagos helados de los oceanos sólidos, he contemplado cómo te has convertido en magma y en aromáticas flores, y cómo en algunas ocasiones en que eras inmensamente feliz te has transformado en un arco iris resplandeciente.

-Parece que me conoces -le dije con el semblante transmutado en expresión de admiración.

-Sí. Te conozco, porque a muchos humanos antes que a ti, he acariciado con mi brisa, y les he llevado en mis alas de libertad.

-Dime por favor.

-Permanece en silencio y no digas nada más, contestó el viento, que ahora lo percibía como un gran amigo.

Y a pesar de que el viento siguió soplando con una fuerza tremenda que parecía que iba a arrancar los árboles de la tierra, lo ví claro. Ví por un segundo que muchas caras y ojos sabían que yo estaba allí. Tampoco es exactamente así, sino que yo sabía que mi amigo me miraba en ese momento, y de golpe comprendí que no solamente él, que permanecía en el otro extremo del planeta, sino que todos aquellos sabios a los que había venerado, de alguna forma me estaban diciendo: sí, así es, has cruzado el umbral. Ahora sabes que nosotros te vemos, cuando así lo deseamos, y que tu nos puedes ver cuando lo desees. Pero recuerda algo más, que ya sabías. Nosotros somos tú.

-Dios mío -grité. ¡No quiero eso! Me siento oprimido por vuestras miradas. Acaso no puedo ser libre y estar tranquilo paseando sin que nadie me mire! ¡Es que acaso tengo que saber de vosotros! ¡Dejadme tranquilo! ¡Marchaos!

Pero, nadie me contestó. Solamente tuve la sensación de que La Tierra se había hecho pequeña. A partir de este momento siempre estaría en su interior como un prisionero de su Inmensa Conciencia. Y me sentí en cierto modo aterrado. Tampoco era esa la palabra, pero como narrador de cuentos y fantasías, me siento atraído por palabras grandielocuentes para que mi historia pareczca más fantástica y un poquito terrorífica. Continué caminando, y desgranando el nanosegundo de visión que me había invadido. Y todo era lógico. Yo que llevaba más de treinta años buscando la Conciencia Universal, ahora me veía apresado por ella. Y les contesté a aquellos ojos y caras que adivinaba más alla del viento.

-Tendré que estudiar la situación. Es nueva para mí. No adivino todavía cual es su alcance, y tampoco sé si esta sensación se desvanecerá dentro de cinco minutos.

Nadie contestó. Únicamente escuchaba una palabra que se asemejaba a "responsabilidad", pero a la vez es como si la vida tuviese menos importancia, como si sintiese que el espíritu se superpone a las circunstancias de la gente común como soy yo cuando no camino e imagino, pues meditar, caminar y respirar me hacen fuerte.

Mi rostro era duro y supongo que enigmático. ¡Y qué rostro podía tener cuando por un segundo me sentí como prisionero del Planeta Tierra y de sus Conciencias! Sin embargo, sonreí. De alguna forma había encontrado lo que iba buscando, si bien aquella experiencia era de muy largo alcance en el tiempo y solamente un pequeño punto de conciencia que con gran discernimiento y atención se convertiría en la inmensa montaña: La Conciencia del Señor del Mundo. Esa inmarcesible Conciencia que abarca todo nuestro inmenso planeta.

Y ahora, sabía dos cosas. Que no era la única conciencia que habitaba la Tierra, y que bajo sus miradas seguiría desentrañando los misterios del universo.

Tal vez debería decir :No, realmente la Tierra no se había hecho pequeña, lo que ha ocurrido es que una mente mortal se había convertido en una mente inmortal e infinita.

Querido y amable lector. Si algún día sientes a tu alrededor un cálido y amable campo magnético, tal vez es que ya ha llegado tu anhelado momento de ser testigo de los Tesoros del Universo, pues todos los cuentos se hacen realidad en nuestras mentes y en lo que hay más allá de ellas: la Mente Universal.

 

Autor e ilustraciones: Quintín García Muñoz

 

 

 

 

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